‘Me voy a vivir a una casa de barro’

ASENTAMIENTO RURAL EN
VIVIENDAS BIOCLIMÁTICAS EN UN PUEBLO PALENTINO:

 

Una veintena de
personas repueblan Amayuelas recuperando la construcción tradicional de Adobe y
tapial, los principales materiales que han hecho renacer las casas del pueblo.
Total, diez cooperativistas disfrutan de sus hogares sufragados por ellos y de una
ayuda Unión Europea.

 

"Hay que recuperar
el contacto con la tierra".


Y qué mejor que hacerlo desde algo tan básico
como la vivienda. Javier, un cordobés de 29 años, lo tiene así de claro. Por
eso, cuando oyó hablar del proyecto de Amayuelas, un municipio palentino donde
un grupo de personas intenta asentar población en casas levantadas al estilo
tradicional -lo que en el área significa utilizando adobe y tapial-, no se lo
pensó.


 

A Javi, eso sí, le tiraban "sus raíces", como él mismo
reconoce
. Sus abuelos y uno de sus tíos fueron pastores
trashumantes y él pasó cinco años como monitor en una granja escuela en su
pueblo natal, Cabra. Después, se interesó por la "agricultura
biodinámica" y, tras buscar trabajo en pueblos pequeños, se cruzó,
"por casualidad o destino", con el proyecto Nuevos pobladores de
Amayuelas. Llegó al lugar, enclavado en plena de Tierra de Campos, el pasado mes
de abril, con seis jóvenes más.

Allí, además de aprender horticultura o
desarrollar oficios casi olvidados como el esquilado, descubrió la construcción con tierra y,
"fascinado" por la actividad, ha decidido centrarse en ella. "Me
he hecho autónomo y he empezado a trabajar con una empresa de la zona dedicada
a la edificación a través de técnicas tradicionales". Según comenta, no
les faltan encargos.

Junto a él, otro cordobés, un navarro y
varios castellanoleoneses, todos ellos de entre 25 y 30 años, han participado
en una iniciativa que les ha brindado alojamiento, manutención y aprendizaje a
cambio de su trabajo en las diferentes industrias puestas en marcha en
Amayuelas: explotaciones ovinas, panadería, huerta… ¿El objetivo del
programa? "Formar y capacitar a sus integrantes en la vida en un
pueblo", apuntan dos de sus responsables, Cristina y Melitón. "Por
aquí ha pasado mucha gente: algunos permanecen y otros no", señalan. Todos
los años, y al margen de proyecto alguno, llegan voluntarios para aprender trabajando a cambio de cama y comida.


El municipio palentino es, gracias al
empuje de un grupo comprometido de luchadores, una localidad repoblada -ninguno
de los vecinos permanentes es originario de allí- donde vive de forma estable
una veintena de personas: la más joven tiene 25 años y la mayor, 50. Cuenta con
una decena de viviendas
bioclimáticas
, que se diseñaron con la ayuda de Arquitectos sin
Fronteras de Castilla y León y se hicieron realidad gracias a la creación de la
cooperativa Entramado.

Corría el año 2000 cuando se inició su
construcción y, hoy, los 10 cooperativistas disfrutan de casas de dos plantas
de tapial -en la inferior- y adobe -en la superior-. Las residencias tienen,
pues, la tierra como "material portante", ya que no existe estructura alguna de hierro o cemento.
Con una superficie de 45 metros cuadrados y orientadas al Sur, disponen de una
fresquera al Norte y de un porche acristalado, que les permite mantener la
estancia a buena temperatura en invierno.

Han recuperado, además, la gloria, que se ‘enroja’ desde el subsuelo,
como antaño, para conseguir calor. En la esquina opuesta del acceso a este
tradicional sistema de calefacción, que se encuentra bajo la puerta de entrada,
aparece una chimenea. Su posición, estratégica, tiene el propósito de que el
aire circule en diagonal a través de varios arcos y temple así toda la casa. En
la parte de atrás hay un corral y en la superior, abuhardillada, placas solares que, además de
cubrir las necesidades de los moradores, les sirven para obtener ingresos con
la venta de la energía sobrante. Existe, también, un local común con dos
lavadoras, frigorífico y arcón. Para la edificación de las viviendas recibieron
una ayuda de la Unión Europea,
pero fueron finalmente los cooperativistas quiénes las sufragaron.

En una de ellas ha permanecido, durante
el tiempo que ha durado el programa, la pareja que se apuntó a la experiencia.
El resto, como Javi, lo ha hecho en el alojamiento de 35 plazas que se levantó
hace siete años. Aprender y evitar que el conocimiento del medio rural se
pierda son la razón de ser de la iniciativa de rescatar Amayuelas de la
despoblación, que surgió cuando un grupo de emprendedores decidió poner en
marcha allí una empresa de catering para dar servicio al envejecido vecindario
de la zona. Desde entonces, se han
reconstruido lugares emblemáticos del pueblo
como el palomar y
se han creado una cantina en antigua la caseta de la huerta, una biblioteca y
un semillero. Pero la localidad palentina es mucho más.

Los impulsores de la iniciativa tratan
de recobrar conocimientos.
De ahí que, la formación que ofrecen para transmitir esa sabiduría y evitar su
pérdida, sea fundamental. Lo hacen a través de cursos periódicos de materias
como la construcción con tierra o la fruticultura y de charlas y conferencias
gracias a Cifaes-Universidad Rural Paulo Freire, que tiene en Amayuelas una de
sus sedes. Y trabajan en red con productores de pueblos cercanos para la
comercialización de los artículos de agricultura y ganadería ecológica que
producen.

Javi asegura que, pese a los madrugones
-"me levanto a las 6.30 y llego a las 16.30 a comer y descansar"-,
disfruta de la vida en la localidad. "Te da tiempo a hacer un montón de
cosas, te sientes útil y, cuando sales fuera, te diviertes también de los
desplazamientos". Él y sus compañeros son la prueba de que "se puede
volver a los pueblos". De que, incluso, en ese retorno al medio rural
puede estar, más que nunca en tiempos de crisis, "el futuro". Asegura
que no olvidará el "abrazo de
la tierra"
que ha sentido en el municipio castellano.


http://www.arquisocial.org/tiki-index.php

¿El Adobe qué es?

¡Pues, es tierra, agua y paja!

Para un metro cuadrado de pared se
precisan en torno a 32 bloques de adobes (33 x 16 x 8 centímetros) y dos
personas pueden construir más de un millar de bloques de adobe en una sola
jornada de trabajo. Basta un simple molde de madera –o adobera- para
producirlos. El precio: los 17 euros/hora a la hora que cobra un operario. Una
pared con adobes, colocados a soga y a tizón, ocupa unos 35 centímetros de
espesor, requiere un zócalo de piedra y un revestimiento de cal.

El adobe sirve de base constructiva en
medio mundo, especialmente en África, Latinoamérica y Asia. Por emplearlo e
innovar con su uso se han hecho mundialmente conocidos arquitectos como el
egipcio Hassan Fathi
o el iraní Nader
Kalili, inventor del ‘superadobe’.
En España, comienza a reutilizarse en
Andalucía y las dos Castillas, mientras que las zonas desérticas de Nuevo
México y California (Estados Unidos) son desde hace décadas escenarios de
numerosos experimentos arquitectónicos con este material.


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Acerca de ekadantamedialuna

No hay problemas, cada semilla sabe perfectamente como llegar a ser un arbol...
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